Playa del Carmen es hoy una ciudad llena de movimiento, luces y visitantes. Pero basta alejarse de sus avenidas principales para encontrar caminos solitarios, antiguos terrenos de selva y comunidades donde todavía se conservan historias transmitidas de generación en generación.
Una de ellas habla del Huay Chivo.
La leyenda forma parte de la tradición oral de la península de Yucatán y se cuenta con distintas variantes en Yucatán, Campeche y Quintana Roo. En poblaciones cercanas a la Riviera Maya también circulan historias sobre animales extraños, sombras de gran tamaño y criaturas que aparecen durante la madrugada.
No existen pruebas que permitan confirmar estas apariciones. Son creencias y relatos populares que han sobrevivido gracias a la memoria de las comunidades.
Entre el hombre y la bestia
Quienes creen en la leyenda dicen que el Huay Chivo evita los lugares concurridos. Prefiere los caminos apartados, los límites entre los pueblos y el monte, donde las luces de la ciudad dejan de verse.
Lo describen como un enorme chivo negro, de cuerpo robusto, cuernos largos y ojos brillantes. Otros aseguran que puede levantarse sobre sus patas traseras, como si debajo de aquella forma animal todavía permaneciera algo humano.
Su presencia, cuentan, puede sentirse antes de verlo: los perros dejan de ladrar, los animales se inquietan y un olor fuerte invade el ambiente.
Según la tradición, detrás de su apariencia se esconde una persona que conoce antiguos secretos y posee la capacidad de adoptar la figura de un animal. Algunas versiones lo presentan como alguien que utiliza esa transformación para asustar, vengarse o recorrer sin ser reconocido los terrenos de otras personas.
Un encuentro en los límites de Playa del Carmen
Cuentan que un trabajador regresaba de madrugada a su casa después de terminar su jornada en Playa del Carmen. En aquellos años, algunas zonas que hoy ocupan los fraccionamientos todavía conservaban largos tramos rodeados de vegetación.
Aquella noche avanzaba por un camino cercano al monte cuando escuchó algo moverse detrás de él. Pensó que sería un perro, pero el ruido seguía sus pasos. Cuando él se detenía, todo quedaba en silencio. Cuando volvía a avanzar, las ramas comenzaban a moverse nuevamente.
Después escuchó el golpe de unas pezuñas contra la tierra.
El hombre apretó el paso. Al llegar a una parte despejada distinguió dos ojos encendidos entre la oscuridad. La criatura salió lentamente de la vegetación: un chivo negro mucho más grande de lo normal, con cuernos elevados y patas demasiado largas para pertenecer a un animal común.
Recordó una advertencia escuchada desde niño: si alguna vez encontraba al Huay Chivo, no debía desafiarlo ni sostenerle la mirada.
Bajó los ojos y continuó caminando. La criatura lo siguió durante varios minutos, sin acercarse ni alejarse. Solo caminaba detrás de él, dejando que el sonido de sus pezuñas anunciara su presencia.
Cuando aparecieron las primeras casas, los pasos se detuvieron. El hombre no volteó hasta llegar a una calle iluminada. Al hacerlo, ya no vio nada.
A la mañana siguiente regresó acompañado por varios vecinos. Encontraron huellas junto al camino, pero desaparecían cerca de la vegetación sin dejar un rastro claro. Nunca pudo demostrar lo que había visto. Tampoco volvió a recorrer solo aquel camino después de la medianoche.
¿Qué significa Huay?
La palabra también aparece escrita como uay o way. Su significado ha cambiado con el tiempo. Los estudios sobre la antigua cultura maya relacionan way con el sueño, las visiones y una “coesencia”: un espíritu o figura animal que comparte parte de la identidad de una persona.
La imagen popular del Huay Chivo reúne esas ideas antiguas con elementos incorporados después de la conquista, como la brujería entendida desde la tradición europea. Por eso el concepto maya de way no debe reducirse automáticamente a una criatura diabólica.
Una leyenda que permanece en la Riviera Maya
En Playa del Carmen y otras comunidades de la Riviera Maya todavía circulan relatos sobre sombras, animales extraños y encuentros ocurridos durante la madrugada. Algunos son contados por trabajadores que regresan de noche, vigilantes, taxistas o habitantes de zonas próximas al monte.
No es posible comprobar que esos encuentros estén relacionados con el Huay Chivo. Pero cada vez que alguien describe un animal negro de gran tamaño o unos ojos brillantes al borde del camino, la antigua leyenda vuelve a ser mencionada.
Porque la Riviera Maya no está formada únicamente por playas, hoteles y espacios turísticos. También guarda la memoria de las comunidades que recorrieron estos territorios mucho antes del crecimiento de las ciudades.
Y según quienes todavía conocen los antiguos relatos, cuando los perros dejan de ladrar y unas pezuñas comienzan a escucharse detrás de nosotros, lo más prudente es continuar caminando sin mirar atrás.
